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sábado, 4 de septiembre de 2010

Emprender en base a la experiencia: cuando la práctica supera a la teoría


Por: Cristina Vílchez
Para emprender no basta sólo con adquirir conocimientos especializados en la materia. Muchos son los casos de pequeños y medianos empresarios que sólo con empuje y convicción, han forjado negocios exitosos sin haber pasado por una sala de clases.



Una buena idea de negocio es lo principal para emprender. Teniendo un proyecto en mente y los objetivos claros, lo siguiente es conseguir el capital que logre sustentar este propósito. Pero, ¿qué pasa si no se tienen los conocimientos necesarios para iniciar un emprendimiento?
Cada año, ingenieros, economistas y otros profesionales con espíritu emprendedor,
llenan las aulas de las escuelas de negocios para adquirir conocimientos que les permitan aprender a administrar y gestionar una empresa, pero también a empaparse de ideas para lanzar nuevos proyectos.
Sin embargo, emprender no sólo se trata de obtener una formación académica especializada en la materia. Muchos son los casos de pequeños y medianos empresarios que sólo con empuje y convicción, han forjado negocios exitosos sin haber pasado por una sala de clases.
Es el caso de Manuel Sarmiento, empresario chileno dueño de la Sociedad Alvico, empresa dedicada a la importación de flores. Comenta que desde los 19 años tuvo una cosa clara "quería emprender". Por ello, basándose en los conocimientos sobre la materia que había adquirido durante su infancia, producto del negocio familiar, decidió ir más allá en el mundo de las flores y hoy, tras 17 años de esfuerzo y trabajo, dirige y administra una empresa y está a cargo de cerca de 50 empleados que hacen posible que el negocio sea exitoso.
"Tener una formación es importante pero, en mi caso, la práctica me ha ido dando los conocimientos adquiridos. Con los años fui aprendiendo a administrar el negocio, a tratar con los empleados y, en definitiva, a seguir emprendiendo", dice. Y añade que "conozco a grandes empresarios que con mucha formación y títulos académicos han quebrado hasta ocho negocios, así que no creo que el éxito esté vinculado a la formación académica exclusivamente".
Viajando por todo el mundo para llevar a Chile las mejores flores y repartirlas a lo largo del país, Sarmiento lidia a diario con organismos internacionales y está al frente de la logística de su propio negocio. Sin embargo admite que "cuando empecé comencé a estudiar Ingeniería en Administración de Empresas, pero nunca pude terminarla porque tenía que deberme a mi trabajo y mi familia, pero sí me gustaría terminar la carrera y poder optar a mayor formación profesional, si el tiempo me lo permitiese".
Parecido es el caso de Montano López, socio fundador de la empresa Norteam Limitada, empresa dedicada al diseño y fabricación de insumos plásticos para minería, riego por goteo, aspersión y piezas especiales. Sin haber tenido una formación universitaria, el esfuerzo y el compromiso han hecho que hoy dirija una empresa exitosa y dé trabajo a casi una veintena de empleados. "Para emprender hay que tener un cierto grado de locura, la cual te permite tomar riesgos que te pueden dar grandes satisfacciones. Pero también puede ser un total fracaso y es ahí cuando hay que seguir hacia adelante y en ocasiones partir de cero", explica.
Sin embargo, a diferencia de Sarmiento, López si cree necesario tener conocimientos académicos para lanzarse con una idea de negocio. "Si bien es cierto que la experiencia es importante, siempre va a ser mas difícil surgir y organizar una empresa sin estudios. Me hubiera gustado muchísimo tener estudios superiores o universitarios, pero desafortunadamente no tuve la oportunidad", dice. A juicio de este emprendedor chileno, "ser profesional universitario te da un orden mental distinto, no me refiero a conocimientos, sino a estructura y métodos para emplear, que hacen mucha falta a la hora de aplicar lo que uno aprende en el camino".
, "estamos convencidos de haber hecho un buen trabajo. Creamos lazos con nuestros clientes y alianzas, en el sentido de que muchas veces fabricamos para ellos los productos como ellos quieren, ofrecemos precios competitivos, post venta con constantes visitas a las faenas, capacitamos su personal y siempre estamos cuando nos necesitan", explica.

Reconocido es también el caso de Luis Martínez, alias "El Conejo", un emprendedor chileno que llegó a Nueva York con ánimo de ganar dinero y se convirtió en un exitoso empresario. Su amor por el maní confitado le llevó a alquilar un carrito y vender este típico producto chileno en las calles de Manhattan. "Nadie compartía mi fe, ni siquiera el dueño del carro y superé muchos obstáculos", recuerda. Sin documentos y sin dominar el inglés, el manicero debió trabajar duro para ganarle a sus fieros competidores.
Desde octubre de 1991, con entusiasmo y perseverancia, consiguió transformarse en un gran vendedor, superando las limitaciones del idioma con su personalidad extrovertida. Cada día batía el récord de dinero recolectado el día anterior. Ya para el año 2000, "El Conejo", no sólo tenía 15 carros maniceros en Nueva York y daba trabajo a unos 20 chilenos, sino que también se daba el lujo de vender y arrendar esquinas que él mismo conquistó.
Valor agregado. Gabriel Hidalgo, gerente general de Octantis, potenciadora de negocios de la Universidad Adolfo Ibáñez, explica que la generación de empresarios consolidados en la región cuenta con numerosos nombres, sobre todo de inmigrantes, que adquirieron experiencia justamente porque dejaron sus países "para iniciar con esfuerzo y desde lo más elemental, una nueva vida en este continente". Pese a esto, el experto señala que para empender es extremadamente importante tener educación superior, ya que en términos estadísticos, ésta sería la única variable que se correlacionaría con el éxito. "Un ingenierio o técnico puede elaborar una oferta sofisticada con más valor agregado, diferenciación o innovación, y tiene una mayor probabilidad de tener éxito en caso de que decida emprender", dice.
Hidalgo afirma que en América Latina, la mayoría de los pequeños y medianos empresarios que encabezan los emprendimientos, tiene educación técnica, universitaria e inclusive posgrados, aunque en un menor porcentaje. De todas formas, agrega que cada vez se conocen más emprendedores orientados a la acción, "que no hacen un plan y luego parten con el negocio, sino que más bien son organizadores y orquestadores de compromisos y recursos, más efectuales que causales".
"Amar Bhide, académico de Harvard Business School, dice en uno de sus artículos: fuego-disparen-apunten. En eso la formación puede ser muy diversa, y no necesariamente de negocios. En la medida que el proceso va permitiendo hacer una empresa de éxito, la creación tendrá que ir pasando de mucha fuerza e intuición, a una iniciativa más organizada y profesionalizada", agrega el académico de la UAI. 
En definitiva, aunque los especialistas en general coinciden en la importancia de obtener una formación adecuada antes de iniciar un negocio, lo primordial para un emprendedor será estar decidido y dispuesto a correr el riesgo. Emprender es una lotería que depende de muchos factores, pero sin duda los conocimientos en gestión o administración de empresas, serán un valor más que agregado para alcanzar el éxito.

Con todo, el empresario Montano López asegura que, junto a su socio Pedro Noriega
López destaca, eso si, que lo primordial para ser empresario es tener capacidad de gestión. "Si no la tienes, tienes que conseguir a alguien que sí la tenga. Si a los estudios le sumas capacidad de gestión, es la mezcla perfecta. Sin estudios y capacidad de gestión, la mezcla es buena. Pero estudios sin capacidad de gestión, no hay nada que hacer", dice.

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